14 de julio de 2009

Nota del Editor


Nuestro objetivo es sencillo: queremos ser los escritores que sean leídos por los robots o los alienígenas o cualquier ser que el día de mañana herede el dominio de la tierra. Queremos que las plazoletas y las calles lleven nuestros nombres y, de no existir ya las calles, queremos dar los nombres a los tubos por los que los seres se transportarán a través de los cielos. Según el canon occidental, Shakespeare está primero en el ranking, Cervantes está segundo y tercero, Tolstoi. Pues bien: nosotros nos conformamos con desplazar a Tolstoi al cuarto lugar.

Luego de la gloria, este proyecto responde a la necesidad de salvar nuestras almas de la eterna devastación: el trabajo, el amor y la dignidad. Porque no seríamos verdaderos poetas malditos si nos levantaramos temprano. Así, como Cristo, hemos decidido sacrificar nuestra alma en las llamas del infierno para salvar a aquellas personas que, felizmente, cobran en dólares y tienen sexo todos los días.

Y en tercer y último lugar, está el dinero que, en realidad, es el objetivo principal. Pero sencillamente no seríamos poetas malditos de llegar a admitir eso.


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