De lo que le aconteció al ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y su fiel escudero Sancho Panza en la oscurísima cueva secreta de los hombres mujeres.
...Y cabalgando su rocín flaco y enjuto, Don Quijote miró hacia adelante y exclamó:
-A fe mía, Sancho, que vamos bien encaminados hacia las justas, porque la Providencia y los santos están con nosotros y no con el turco infame. Así, el destino y el deber dictan que entremos a esa oscura cueva que enfrente nuestro se nos abre, porque allí nos deparan las más fantásticas maravillas que caben en el estilete y en la pluma, maravillas no vistas y oídas por mortal alguno, a excepción del bravo Gaspar de Centenera, el del brazo de membrete, y Olaf el Rúculo, navegante de los mares del Norte, y de Merlino el Ladino, mágico mago de la corte de los cuarenta caballeros hospitalarios de la cruz de Persefal. Porque ya lo dice esa vieja letrilla que gustaba de cantarle a la bella Dulcinea:
El mejor recorrido no es
el que se camina con los pies
sino el otro, el imposible
el siniestro, el irascible,
que con alma se camina
y a rigores nos destina
y nos seca bien la lengua
paso a paso, legua a legua.
A lo que respondió Sancho:
-A fe mía que esas son palabras muy bonitas, pero a la seguridad se la llevó la Inquisición, y dos más dos no siempre dan cuatro, y quien mucho aprieta poco ahorca.
-Dejate de rodeos y sandeces, tú, saco relleno de refranes y malicias, y di lo que tengas que decir sin tantas vueltas, que ya pareces perro somñoliento y no cristiano.
- Digo que esa cueva es el mismísimo infierno, y que es más oscura que las bocas del lucífero Luficer, y que siento un miedo que en la vida he sentido.
-Calla, cobarde, mentecato, que esas no son palabras dignas del escudero de Don Quijote de la Mancha, caballero y soldado de nuestro Señor Jesucristo, enemigo del turco y amigo del desamparado. Entraremos a esa cueva, así deba llevarte de la greña, porque esa cueva es nuestro destino, y en ella purgaremos todas nuestras faltas y nuestros pecados, y enderezaremos nuevamente el camino hacia la Virtud y la Providencia.
-Lo haré porque otra opción no tengo, y porque todos los gatos de noche son pardos, y porque no hay mal que por bien no venga, pero verdaderamente mi pobre cabeza no entiende cómo puede haber virtud en atravesar una cueva húmeda y hostil, atestada de insectos y demás sabandijas que sólo el Señor sabe de qué agujero han salido.
Y aquí Cide Hamete Benengeli explica que Don Quijote de la Mancha y su escudero Sancho Panza entraron a la cueva, que resultó ser nada más y nada menos que la famosísima y oscurísima cueva secreta de los hombres mujeres.
-A fe mía –dijo Sancho- que no he visto en mi vida oscuridad más tupida que ésta, que ni el mismo diablo podría verse la punta de la cola en un lugar así.
-Calla, Sancho, que esto es una penitencia, y no debemos hablar hasta llegar a la salida.
-¿Y qué hay si no hay salida y esta cueva resulta ser un laberinto?
-Te digo que calles... y no me toques la cintura con tus rústicas manos, que es de canalla y no pocos se han ido a las llamas eternas por eso.
-Yo no he tocado nada.
-Que no me toques, te digo.
-Yo no he sido.
-¿Quién sino?
-¡Creo que hay alguien más entre nosotros! –exclamó Sancho con desesperación- ¡Siento unas manos que me aprietan la barriga!
-Y yo siento un aliento caliente que me peina las sienes y otro que me acaricia la nuca.
-¡Ay de nosotros!
-Tranquilo, Sancho, que no permitiré que estos demonios nos arruinen la penitencia.
Y diciendo esto don Quijote comenzó a dar estocadas a ciegas, a diestra y siniestra, y entonces unas manos lo sujetaron de la entrepierna y lo inmovilizaron, mientras otro tanto hacían con el pobre Sancho, que estaba asustado como una venado rodeado por el fuego de un incendio. Y cuando hubo trascurrido una hora de aquella querella en la más completa oscuridad, Don Quijote y Sancho Panza fueron liberados y vieron otra vez la luz del sol, y callados y tullidos no emitieron palabra alguna hasta las justas de Zaragoza.


1 comentarios:
Quien esto escribe es un incondicional admirador de la obra cumbre de Cervantes y de la Literatura Universal.
El mal llamado "capítulo perdido", en El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha", no es más que un pequeño descuido del impresor de la primera edición de la obra, mismo que fue corregido en la segunda edición.
Es el caso de la omisión del título del capítulo 43, razón por lo cual se creyó en un principio que la obra pasó del cap.42 al cap.44, omitiendo el intermedio capítulo de marras(43).La corrección puntualiza el inicio de dicho capítulo que comienza así:"De lo que ocurrió al ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y su fiel escudero Sancho Panza en la oscurísima cueva secreta (...)"
En su camino hacia las Justas de Zaragosa.
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